En muchas fábricas el problema no es la falta de datos, sino todo lo contrario. Hay PLC, sensores, máquinas de distintos fabricantes, hojas de Excel, programas heredados y algún ERP que intenta poner orden. Sobre el papel, todo está “conectado”. En la práctica, no siempre funciona. Durante años se ha intentado resolver esta complejidad con software estándar: paquetes cerrados que prometen cubrirlo todo y que, al final, obligan a la empresa a adaptarse a la herramienta. Cuando el proceso real no encaja, llegan los parches, los rodeos y las excepciones. Ahí es donde empiezan los problemas.
Durante años, muchas empresas han cumplido con el registro horario como buenamente han podido. Excel, partes en papel, PDFs mensuales o aplicaciones sencillas en las que el trabajador se limita a pulsar entrar y salir. Ese planteamiento ha servido durante un tiempo. Pero ya no es suficiente. Con los cambios normativos previstos para 2026, la pregunta ha dejado de ser si existe un sistema de control horario. La cuestión de fondo es otra muy distinta: si el sistema actual aguantaría hoy una inspección de trabajo. Este artículo no pretende explicar la ley desde cero ni repetir lo que ya se ha dicho en otros textos. Su objetivo es más concreto: ayudarte a revisar, con criterio práctico, si el sistema que utilizas encaja realmente con el marco que se está consolidando.
En muchas fábricas las máquinas producen, se paran, generan alarmas y consumen recursos… pero toda esa información no llega a donde debería: al sistema de gestión de la empresa. El resultado es conocido: Excel partes en papel datos que llegan tarde números que no cuadran En este artículo explicamos cómo funciona realmente la integración entre PLC, máquinas y ERP, y por qué es clave para mejorar producción, OEE y toma de decisiones.
Si trabajas por cuenta ajena y fichas todos los días, hay una pregunta que seguramente te ha pasado por la cabeza más de una vez: “¿Pueden cambiar mis fichajes sin que yo me entere?” Porque una cosa es que te pidan que corrijas un error. Y otra muy distinta es que alguien, desde un despacho, pueda tocar tus horas después de que ya estén registradas. Y sí: en muchos sistemas actuales, eso pasa.
Si alguna vez has trabajado en una planta, esto te sonará. Una máquina se para. Vuelve a arrancar. Se pierde tiempo. Luego alguien apunta algo en un papel. Al final del turno, eso acaba en un Excel. Y al día siguiente alguien pregunta: “¿Por qué ayer produjo menos la línea?” Y la respuesta suele ser: “Más o menos fue por… una parada… o dos… no estamos seguros.” Eso, en la práctica, es cómo se mide el OEE en muchísimas fábricas.
Durante años, el control horario ha sido una obligación que muchas empresas han resuelto “como han podido”: hojas de Excel, papel firmado, PDFs o alguna app sencilla donde el trabajador pulsa entrar y salir. Eso ha funcionado… más o menos. Pero está a punto de dejar de ser suficiente.